Las cuentas de ahorro para gastos médicos (HSA) y las cuentas de gastos flexibles (FSA) son dos herramientas que te permiten apartar dinero antes de impuestos para gastos médicos, lo que te permite ahorrar en impuestos. Sin embargo, funcionan de manera diferente, y comprender la diferencia puede ayudarte a elegir la más adecuada o a sacar el máximo partido a la que ya tienes.
Solo se puede acceder a una HSA si estás afiliado a un plan de salud con deducible alto (HDHP). El dinero que aportas reduce tus ingresos imponibles, se acumula libre de impuestos si se invierte, y las retiradas para gastos médicos que cumplan los requisitos también están exentas de impuestos. La mayor ventaja de una HSA es que el dinero se acumula año tras año. No hay ningún plazo del tipo «úsalo o piérdelo». Es tuyo de forma permanente, e incluso puedes llevártelo contigo si cambias de trabajo. Por esta razón, algunas personas consideran su HSA como una herramienta de ahorro a largo plazo o incluso de jubilación.
Por otro lado, una cuenta de gastos médicos (FSA) suele ofrecerse junto con cualquier tipo de plan de salud. Las aportaciones son antes de impuestos, lo que reduce su factura fiscal, y puede utilizar los fondos para una amplia gama de gastos médicos admisibles. La pega es que las FSA suelen funcionar según el principio de «úsalo o piérdelo»: los fondos no utilizados al final del año del plan pueden perderse, aunque algunas empresas ofrecen un periodo de gracia o permiten transferir una cantidad limitada.
Con una cuenta FSA, el importe total de tu elección anual está disponible desde el primer día del año del plan, aunque aún no hayas aportado la totalidad. Con una cuenta HSA, solo puedes gastar lo que realmente hayas ingresado.
Ambas cuentas pueden utilizarse para gastos como visitas al médico, recetas médicas, atención dental, atención oftalmológica y determinados productos de venta libre. Si cumples los requisitos para abrir una HSA, suele ser la opción más flexible y ventajosa debido a su función de transferencia de saldo y a su potencial de inversión. No obstante, una FSA puede seguir siendo una forma inteligente de ahorrar en impuestos si un HDHP no es la opción adecuada para ti.
Sea cual sea la cuenta que tengas, la clave está en planificar tus aportaciones en función de los gastos previstos, para así maximizar el ahorro fiscal sin dejar de aprovechar todas las oportunidades.