Si tienes una deuda por un préstamo de estudios, no eres el único. Compaginar el pago de la deuda con el ahorro, la inversión y el disfrute de la vida puede parecer un malabarismo constante. La buena noticia es que, con una estrategia clara, todo resulta mucho más llevadero.
Empieza por hacerte una idea clara de lo que debes. Haz una lista de cada préstamo, indicando su saldo, el tipo de interés y la cuota mensual. Los préstamos federales y los privados tienen normas y opciones diferentes, por lo que es importante saber de qué tipo es el tuyo. Puedes consultar los detalles de tu préstamo federal en studentaid.gov.
En el caso de los préstamos federales, infórmate sobre las opciones de planes de pago. Los planes de pago basados en los ingresos limitan tu cuota mensual a un porcentaje de tus ingresos discrecionales y pueden ofrecer la condonación de la deuda tras 20 o 25 años de pagos que cumplan los requisitos. Si trabajas en el sector público, el Programa de Condonación de Préstamos por Servicio Público (PSLF) puede condonar el saldo restante tras 10 años de pagos que cumplan los requisitos.
Si tienes varios préstamos, piensa cuál te conviene priorizar. El método «avalancha» consiste en destinar el dinero extra al préstamo con el tipo de interés más alto, lo que te permite ahorrar más dinero a largo plazo. El método «bola de nieve» se centra en liquidar primero el saldo más bajo, lo que te proporciona una satisfacción psicológica más inmediata. Ambos son válidos, y el mejor método es aquel que seas capaz de mantener.
Ten cuidado al refinanciar préstamos federales como préstamos privados. Aunque es posible que consigas un tipo de interés más bajo, perderás de forma permanente el acceso a protecciones federales como los planes de pago basados en los ingresos, las opciones de aplazamiento y los programas de condonación de préstamos.
Comprueba si tu empresa ofrece una ayuda para el pago de préstamos estudiantiles. Se trata de una ventaja cada vez más habitual y, con el tiempo, puede reducir considerablemente el saldo pendiente.
Gestionar los préstamos estudiantiles es una maratón, no un sprint. Tener un plan y revisarlo periódicamente te ayuda a mantener el rumbo sin sentirte abrumado.