La jubilación puede parecer algo lejano, sobre todo al principio de la carrera profesional, pero cuanto antes empieces a planificarla, más tiempo tendrá tu dinero para crecer. Gracias al interés compuesto, incluso las pequeñas aportaciones que realices entre los 20 y los 30 años pueden convertirse en sumas considerables para cuando te jubiles.
Si tu empresa ofrece un plan de jubilación como un 401(k) o un 403(b), es un buen punto de partida. Muchas empresas ofrecen una aportación paralela. Por ejemplo, pueden aportar 50 céntimos por cada dólar que tú aportes, hasta un determinado porcentaje de tu salario. Se trata, en esencia, de dinero gratis, por lo que aportar al menos lo suficiente para obtener la aportación paralela completa debería ser una prioridad.
En tu plan de pensiones, normalmente podrás elegir entre varias opciones de inversión. Si no sabes por dónde empezar, los fondos con fecha objetivo están diseñados para ajustar automáticamente tu cartera de inversiones en función del año en que preveas jubilarte. Son una opción sólida y que requiere poco mantenimiento para muchas personas.
Si no tienes acceso a un plan de pensiones patrocinado por tu empresa, una cuenta de jubilación individual (IRA) es otra opción. Las cuentas IRA tradicionales permiten realizar aportaciones deducibles de impuestos, mientras que las cuentas IRA Roth permiten que tu dinero se acumule y se pueda retirar libre de impuestos durante la jubilación. La elección más adecuada depende de tu situación fiscal actual y de la que preveas tener en el futuro.
Una regla general es intentar ahorrar entre el 10 % y el 15 % de tus ingresos antes de impuestos para la jubilación, pero si eso no es posible en este momento, empieza con lo que puedas y ve aumentando poco a poco. Incluso un 1 % más al año marca la diferencia.
Planificar la jubilación no tiene por qué ser complicado. Lo más importante es empezar, aunque sea con poco, y dejar que el tiempo y la constancia hagan el trabajo pesado.