Hay ciertas épocas del año (fin de trimestre, evaluaciones anuales, lanzamientos de productos, picos de actividad en época festiva) que traen consigo un aumento previsible de la carga de trabajo y la presión. Aunque es normal sentir algo de estrés durante estos periodos, es importante gestionarlo para que no derive en ansiedad y acabe afectando a tu salud y rendimiento.
El primer paso es reconocer que las épocas de mayor actividad son temporales. Suena sencillo, pero recordarte a ti mismo que esa intensidad tiene un final puede ayudarte a mantener la perspectiva. Es fácil caer en el catastrofismo cuando estás en plena vorágine.
En los momentos de mayor presión, saber establecer prioridades cobra aún más importancia de lo habitual. No es posible hacer todo al mismo tiempo con el mismo nivel de calidad. Identifica qué es lo que realmente requiere tu atención en este momento y qué puede esperar o delegarse. Mantener una conversación sincera con tu superior sobre las prioridades puede evitar que pierdas el tiempo en tareas de escaso impacto.
Cuida lo esencial: el sueño, las comidas y el ejercicio físico. Cuando las cosas se complican, suelen ser lo primero que se descuida, pero son precisamente lo que necesitas para mantener la energía y la concentración. Incluso un paseo de 10 minutos al aire libre puede ayudar a restablecer el equilibrio de tu sistema nervioso.
Presta atención a cómo te sientes a lo largo del día. Fíjate en la tensión que sientes en el cuerpo. Date cuenta de cuándo tus pensamientos empiezan a dar vueltas sin parar. Utiliza alguna de las técnicas de respiración que hemos mencionado en otras ocasiones o, simplemente, aléjate de la pantalla durante unos minutos.
Por último, no dudes en pedir ayuda, ya sea hablando con un compañero de confianza, recurriendo a tu superior o utilizando el Programa de Asistencia al Empleado. Pedir ayuda en momentos difíciles no es un signo de debilidad, sino de conciencia de uno mismo.