Muchos empleados dejan de disfrutar cada año de sus días de vacaciones pagadas. A veces se debe a la carga de trabajo, otras veces a una cultura que desalienta sutilmente el hecho de tomarse un descanso, y otras veces a una reticencia personal a desconectar. Sea cual sea el motivo, no disfrutar de las vacaciones pagadas tiene un coste real para tu salud y tu bienestar.
Las investigaciones demuestran sistemáticamente que tomarse descansos regulares se asocia con menores niveles de estrés, un menor riesgo de padecer enfermedades cardíacas, una mejor salud mental y un mejor rendimiento laboral. El tiempo que pasas lejos del trabajo le da a tu cerebro la oportunidad de descansar, procesar la información y volver con una concentración y una creatividad renovadas.
No hace falta tomarse unas vacaciones largas para notar los beneficios. Incluso un fin de semana largo o unos cuantos días de descanso a lo largo del año pueden marcar una diferencia significativa. La clave está en desconectar de verdad durante ese tiempo, lo que significa no consultar el correo electrónico ni Slack desde la playa.
Si te cuesta la idea de ausentarte del trabajo, intenta planificarlo con antelación. Avisa a tu equipo con tiempo, delega o documenta las tareas clave antes de marcharte y configura un mensaje de «fuera de la oficina» indicando claramente a quién hay que contactar. Saber que todo está bajo control te ayudará mucho a relajarte.
Si eres jefe, tu comportamiento marca la pauta. Cuando te tomas tus días libres y desconectas de verdad, le estás indicando a tu equipo que ellos también pueden (y deben) hacer lo mismo.
Tus días de permiso remunerado forman parte de tu remuneración. Aprovecharlos no es un privilegio. Es una práctica que favorece tu bienestar a largo plazo, tus relaciones y, en última instancia, tu capacidad para realizar un excelente trabajo.