Cada año llega la temporada de gripe y, cada año, consigue pillar a la gente desprevenida. Aunque ningún método de prevención es infalible, hay varias medidas basadas en la evidencia que puedes tomar para reducir el riesgo y proteger a quienes te rodean.
Lo más eficaz que puedes hacer es vacunarte anualmente contra la gripe. Los CDC recomiendan la vacuna contra la gripe para todas las personas a partir de los seis meses de edad, salvo contadas excepciones. La vacuna se actualiza cada año para adaptarse a las cepas que tienen más probabilidades de circular esa temporada. Por lo general, el organismo tarda unas dos semanas en desarrollar una protección completa tras la vacunación, por lo que lo ideal es vacunarse a principios de otoño.
Más allá de la vacunación, los hábitos cotidianos marcan una diferencia real. Lávate las manos con frecuencia con agua y jabón durante al menos 20 segundos, sobre todo después de estar en espacios públicos. Si no dispones de agua y jabón, un desinfectante de manos a base de alcohol con un contenido mínimo del 60 % es una buena alternativa.
Intenta evitar tocarte la cara, sobre todo los ojos, la nariz y la boca, ya que son las principales vías de entrada del virus. Si tienes que toser o estornudar, hazlo en el codo en lugar de en las manos.
Si empiezas a encontrarte mal, lo mejor que puedes hacer por tus compañeros de trabajo es quedarte en casa. La gripe es más contagiosa durante los primeros tres o cuatro días tras la aparición de los síntomas. Descansa, mantente hidratado y consulta a tu médico si los síntomas son graves o si perteneces a un grupo de alto riesgo.
Tomar estas medidas no solo te protege a ti, sino que también contribuye a crear un entorno más saludable para todas las personas con las que trabajas.