¿Cuántas veces has comido en tu escritorio sin apenas saborear la comida porque estabas respondiendo correos electrónicos al mismo tiempo?
No estás solo. Comer distraído es algo muy habitual en el ámbito laboral, y puede provocar que se coma en exceso, problemas digestivos y una relación menos satisfactoria con la comida.
La alimentación consciente consiste simplemente en prestar atención a lo que se come mientras se come. No es una dieta ni un conjunto de normas. Se trata de un cambio de perspectiva que puede mejorar tanto el disfrute de la comida como la capacidad del cuerpo para indicar cuándo está saciado.
Empieza poco a poco. Antes de comer, tómate un momento para observar la comida y fijarte en sus colores, texturas y aromas. Da los primeros bocados despacio y saborea cada uno de ellos. Deja el tenedor sobre el plato entre bocado y bocado. Estas pequeñas pausas le dan tiempo al cerebro para asimilar lo que estás comiendo.
Intenta comer lejos de tu escritorio siempre que puedas. El simple hecho de sentarte en la sala de descanso o salir al aire libre durante 15 minutos cambia la experiencia. La separación física del trabajo ayuda a tu cerebro a desconectar, y es más probable que te des cuenta de cuándo estás saciado.
Presta atención a las señales de hambre y saciedad. Antes de comer, pregúntate cuánta hambre tienes realmente en una escala del 1 al 10. Vuelve a comprobarlo a mitad de la comida. Esta sencilla práctica puede ayudarte a comer la cantidad adecuada para tu cuerpo sin tener que recurrir al recuento de calorías ni a reglas estrictas sobre las raciones.
Comer de forma consciente no tiene que ver con la perfección, sino con estar presente. Basta con practicarlo unas cuantas veces a la semana para que disfrutes más de las comidas y tus niveles de energía sean más estables.