A veces se nota que un compañero de trabajo está pasando por un mal momento. Quizá parezca más retraído, su rendimiento haya bajado o haya hecho algún comentario sin pensar que te ha preocupado. Saber cómo mostrarle tu apoyo, sin sobrepasarse, es una habilidad muy valiosa.
Lo más importante que puedes hacer es, sencillamente, hacerles saber que te has dado cuenta y que te preocupas por ellos. Una charla privada y sin presiones puede significar mucho para alguien que está pasando por un mal momento. Algo como: «Oye, me he dado cuenta de que últimamente no pareces estar muy bien. Solo quería que supieras que estoy aquí si alguna vez quieres hablar», es directo pero amable.
No les presiones para que compartan más de lo que se sienten cómodos. Hay personas que procesan las cosas en privado, y eso está bien. Tu papel no es hacer de terapeuta. Es ser una presencia que les brinde apoyo. A veces, basta con saber que alguien se preocupa por uno.
Si se sinceran, escúchalos sin intentar resolver el problema. Resiste la tentación de ofrecer soluciones a menos que te pidan consejo expresamente. A menudo, lo que más necesita la gente es sentirse escuchada. Respuestas sencillas como «Eso debe de ser muy duro» o «Siento que estés pasando por eso» pueden ser de gran ayuda.
Si te preocupa seriamente su bienestar (por ejemplo, si mencionan que se sienten desesperados o si observas indicios de una crisis más grave), anímales con delicadeza a que acudan a un servicio profesional, como el Programa de Asistencia al Empleado de tu empresa, que ofrece apoyo gratuito y confidencial.
Apoyar a un compañero de trabajo no tiene por qué ser algo grandioso ni complicado. Los pequeños gestos de amabilidad constantes (preguntar cómo le va, ofrecerse a ayudar con una tarea o, simplemente, mostrarse amable) pueden marcar una gran diferencia en la experiencia laboral de alguien.