Tortas de cumpleaños, comidas compartidas en días festivos, los viernes de donuts, fiestas de jubilación: si trabajas en una oficina, las celebraciones en torno a la comida son algo habitual. Si intentas comer sano, estos eventos pueden parecer un campo minado. Pero con la actitud adecuada, puedes disfrutar del aspecto social sin sentir que has echado por tierra tus objetivos.
En primer lugar, deja de pensar en términos de «todo o nada». Comerte un trozo de tarta de cumpleaños no echa por tierra tu alimentación del día, de la semana ni de toda tu vida. Darse un capricho dentro del marco de una dieta equilibrada no tiene nada de malo. El estrés que sientes por comerte la tarta probablemente sea peor para tu salud que la propia tarta.
Dicho esto, si hay celebraciones con frecuencia, conviene tener una estrategia. Antes del evento, decide qué vas a comer. Si la pizza que han pedido en la oficina tiene buena pinta, tómate un trozo o dos y acompáñalos con una ensalada que te hayas traído. Si no te apetece mucho lo que se sirve, no pasa nada por no comer y limitarte a disfrutar de la compañía.
Come una comida o un tentempié equilibrado antes de ir, para no llegar con hambre. Cuando tienes mucha hambre, todo te parece tentador y resulta más difícil tomar decisiones conscientes.
Si vas a llevar algo a una comida compartida, lleva algo que te apetezca comer. Así te aseguras de que haya al menos una opción que se ajuste a tus objetivos, y quizá te sorprenda saber cuántos compañeros de trabajo agradecen un plato más saludable.
Recuerda que la comida es un acto profundamente social, y las celebraciones contribuyen a que el lugar de trabajo se sienta como una comunidad. El objetivo no es evitarlas, sino participar de una forma que te resulte equilibrada y agradable.